El controvertido origen de la vida
Lamberto
García del Cid
Trabajo publicado originalmente en http://www.iieh.com/doc/doc200209200300.html
Se
reproduce aquí con autorización expresa del autor
http://iieh.com/autores/lgarcia.html
Parece probado que algunos microorganismos son
capaces de sobrevivir durante viajes espaciales. Por otra parte, el oxígeno
en Marte se formó mucho antes que en la Tierra, unos diez millones de años
antes. Esto hace plantearnos la hipótesis de la expulsión desde Marte
de cierto tipo de esporas mediante colisiones de cometas, y
consecuentemente, que todos nosotros seamos probablemente
"marcianos", algo insospechado y particularmente divertido.
El
origen de la vida es la clave
para entender el significado de la vida.
(Paul Davies)
En los tiempos antiguos correspondía a las distintas
mitologías dar cuenta de sus peculiares versiones del origen de la
vida. A nosotros, siervos de la tradición judeo-cristiana, se nos
impuso el mito bíblico de la creación, con los seis días de trabajo
de ese demiurgo que lleva por nombre Jehová y que, cansado de tanto
crear, descansó al séptimo día. Pero hay más mitos, y más
versiones, versiones que no contienen más despropósitos que la ya
citada. Por ejemplo, los aborígenes australianos de la región de
Kimberley, creen que en el tiempo de la creación de Lalai,
Wallanganda, soberano de la galaxia y creador de la Tierra, dejó
caer agua fresca desde el espacio sobre Wunggud, la Serpiente
gigante de la Tierra. Wunggud, cuyo cuerpo está formado de
material primigenio, se enroscó hasta formar una bola como de gelatina,
Ngallalla yawun. Al recibir este agua vigorizadora, Wunggud
se estiró. Formó depresiones sobre la Tierra, Garagi, para
recoger el agua. Entonces hizo la lluvia e inició el rítmico proceso
de la vida: las estaciones, los ciclos de la reproducción, la
menstruación. Sus poderes creativos conformaron el paisaje y originaron
todas las criaturas y las cosas que crecen, sobre las que todavía posee
dominio.
Los bramanes aseguran que el mundo surgió de una araña
infinita, que tejió toda esta complicada masa que percibimos, y aniquiló
luego gran parte de ella ingiriéndola de nuevo y reabsorviéndola en su
nueva esencia. Según el Rigveda, el protoser Peruscha (hombre)
sirvió de materia prima para el cosmos. De su cuerpo se formó todo:
"Los animales del aire y de la selva y los de la aldea";
"la luna nació de su espíritu, de sus ojos nació el sol, de su
boca Indra y Agni, del hálito de su respiración nació el viento; de
su ombligo la atmósfera, de su cabeza el cielo, la tierra de sus pies,
de las orejas las regiones del cielo; así los dioses formaron el mundo
y crearon la vida". Entre los zuñi (tribu de los indios pueblo), Awonawllona
es el Dios creador y origen de la vida; por medio del epíteto "él-ella"
se le señala como bisexuado. Él creó al padre y a la madre
celestiales al arrojar sobre el agua originaria bolas de su piel. En
algunas tribus papúas (Nueva Guinea), la diosa primordial Namita
se autofecundó con el dedo gordo del pie y parió gemelos, dando de
esta peculiar manera origen a la vida. Para el judío Isaac Luria antes
de la creación sólo existía Dios. A fin de que hubiese algo fuera de
sí mismo, contrajo su Ser infinito y de esa forma abrió espacios. Esta
contracción inicial de Dios se llama zimzum. En el espacio creó
diez recipientes, o sefiroth, a fin de recoger la emanación de
la divina luz. De ella emanó a su vez el Universo con todo lo que
existe, incluida la humanidad. No traigo a colación más mitos porque
poseen parecido carácter fantasioso.
Todas las cosas del universo van de lo sutil a lo manifiesto y regresan
de nuevo. Tanto si se trata de la forma de una estrella o de una
persona, el proceso es el mismo. Primero, existe la energía sutil.
Después de un tiempo, la vida se acaba, pero la energía sutil continúa,
bien volviendo al reino sutil, en donde permanece, o uniéndose de nuevo
a las cosas manifestadas.
(Lao Tse, Hua Hu Ching)
Y en esto apareció Darwin (y otros eminentes
naturalistas) y se comenzó a sospechar que la vida tuvo un origen menos
mágico, y más antiguo. Precisamente fue la teoría darwinista de la
evolución la que, a mediados del siglo XX, y en el seno de la ortodoxia
científica, dio lugar a la conjetura que sostiene que la vida podría
haber surgido en una cálida charca sobre la superficie terrestre,
charca donde se hubiera formado una sopa propicia para dicho brote. El
proceso, siguiendo a Jacques Monod, podría haber sido así:
- formación de los constituyentes químicos esenciales de los seres
vivos: nucleótidos y aminoácidos;
- la formación, a partir de estos materiales, de las primeras
macromoléculas capaces de replicación.
- La evolución que, en torno a estas "estructuras
replicativas", ha construido un aparato teleonómico, hasta
culminar en la célula primitiva.
Ésta es la versión más extendida actualmente, la
que sirve para hacer películas de dibujos animados y la que enseñan
los libros de texto... laicos. Mas las ciencias avanzan que da gusto y
hoy existen ya otras causas candidatas para explicar el origen de la
vida. Pero antes de examinarlas conviene dejar claro qué es lo que los
científicos consideran que se necesita para que se dé la vida. Las
propiedades físicas que se deben ostentar para ser considerado
"vivo" son, a juicio del científico Paul Davies, las
siguientes:
 | Autonomía (o autosuficiencia).
 | Reproducción (ser capaz de reproducirse... y propagarse).
 | Nutrición y metabolismo (transformación de materia en energía).
 | Complejidad (la vida que conocemos hasta ahora, la posee).
 | Organización (la complejidad, si no está organizada, no sirve al
propósito de la vida).
 | Crecimiento y desarrollo.
 | Contenido de información (ADN) para transmitir a la descendencia. |
| | | | | |
De todas las anteriores características, los dos
fundamentales son, a juicio del referido científico, el metabolismo
y la reproducción. Parecidas propiedades son las que esgrime el
cosmólogo Lee Somolin para considerar a un sistema como vivo:
- Un sistema autorganizado y no en equilibrio
- cuyos procesos estén regulados por un programa que es almacenado
simbólicamente y
- que puede reproducirse a sí mismo, incluyendo el citado programa.
Para Richard Dawkins, el del gen egoísta, la
unidad fundamental, el primer promotor de toda vida, es la replicación.
Un replicador es cualquier cosa en el universo de lo que surjan copias.
Ahora, conociendo ya lo que se necesita para que se dé
la "vida", examinaremos esas otras versiones que pretenden
explicar el origen de la vida. El nacimiento de la vida en una charca o
ciénaga, si bien no descartado, sí parece a muchos científicos
contemporáneos algo improbable. Para Francis Crick, co-descubridor del
código genético, las condiciones que habrían de combinarse para que
en una cálida laguna pudiera surgir vida son tantas, que dicho origen
entraría en la categoría de milagro. O para decirlo con palabras del
astrónomo británico Fred Hoyle: "La probabilidad de un ensamblaje
espontáneo de la vida es equiparable a la de un tornado que a su paso
por un patio lleno de material de deshecho, produjera un Boeing 747
listo para funcionar". ¿Exageración? Stuart Kauffman, brindador
de hipótesis asombrosas, es de la opinión contraria. Afirma este científico
que los modelos informáticos con los que ha trabajado muestran que
cualquier cadena con suficientes componentes e interacciones tenderá
espontáneamente hacia un estado de organizada complejidad. Según esta
idea, la vida pudiera ser no una consecuencia de la química orgánica,
sino producto de reglas matemáticas universales que gobiernan el
comportamiento de todos los sistemas complejos, fueran cuales fueran los
componentes de estos. Esta idea de Kauffman ha sido combatida por el biólogo
John Maynard Smith, que la denominó "Fact-free science"
(Ciencia sin hechos), aludiendo a que se basaban en modelos matemáticos
y no sobre hechos verificables. Sin embargo a mí me gusta esta idea, me
place que la vida no sea sino un producto de la complejidad dentro de la
naturaleza. Destronaría tantos sacerdocios...
La vida se originó en la Tierra mediante la formación
e interacción de compuestos prebióticos: aminoácidos no producidos
biológicamente, nucleótidos y azúcares. (Lynn Margulis)
En cuanto a las teorías más recientes sobre el
origen de la vida, la principal es la que propone que ésta se originó
no sobre la corteza terrestre sino en su subsuelo. Esta propuesta se
originó tras haberse descubierto una importante biosfera dentro del
caliginoso subsuelo. Si la vida puede florecer muy por debajo de la
corteza terrestre, quizás debiéramos buscar allí el crisol en el cual
el primer ser vivo fue forjado. Y por ahí van los tiros. Incluso los
registros de nuestros genes sugieren que el ancestro universal vivió
profundamente bajo la corteza terrestre, a una temperatura superior a
los 100 ºC, y probablemente comía sulfuro. La vida se hubiera
originado entonces en las tórridas profundidades volcánicas. Nuestros
ancestros hubieran surgido del subsuelo sulfuroso y no de una ciénaga.
Puede incluso que los habitantes de la superficie no seamos sino una
aberración, una adaptación excéntrica a las extrañas condiciones de
la Tierra.
Otra especulación no tópica sobre el origen de la
vida la propuso el premio Nobel de física Freeman Dyson. Dyson nos
regaló la teoría de las proteínas. Argumenta este científico que la
vida realmente tuvo dos orígenes: uno para el continente o carcasa
(hardware), y otro para los programas (software). Supone Dyson dos
variedades de criaturas primordiales, una capaz de metabolismo proteínico
pero incapaz de replicarse apropiadamente y otra capaz de reproducirse
pero sin metabolismo. La vida tal como la conocemos surgiría de una
simbiosis entre ambas. Esta idea proviene de ciertas teorías de Oparin
y sus seguidores, que mantuvieron que el primer paso hacia la vida
involucró a determinados tipos de células o vesículas. Se apoya Dyson
principalmente en el hecho de que las moléculas son capaces de
catalizar la producción y mutación de otras moléculas. A través de
un modelo matemático, Dyson fue capaz de predecir la transición espontánea
del desorden al orden. Aquí el desorden significa ensamblaje caótico
de moléculas y el orden viene a representar ciertas preferencias en los
ciclos químicos, que de alguna manera semejarían de lejos al
metabolismo.
Otra teoría no descartada sobre el origen de la vida
es la que Cairns-Smith expuso en su libro Seven Clues to the Origin
of Life (Siete pistas sobre el origen de la vida). Argumenta
Cairns-Smith que los precursores de la vida tal como la conocemos fueron
microscópicos cristales de arcilla que se reprodujeron siguiendo el
propio proceso de crecimiento de los cristales. La mayoría de los
cristales están configurados por patrones de dislocación siguiendo la
ordenada disposición de sus átomos, muchos de los cuales se propagan
al crecer el cristal. Caso de fracturarse el cristal, cada pieza puede
heredar una copia del patrón original, a veces con ligeras
modificaciones. Tal como actúan los genes dentro de la teoría de la
evolución.
Volvamos atrás en el tiempo, en concreto a las
postrimerías del siglo XIX y comienzos del XX, para dar cuenta de la
singular teoría sobre el origen de la vida que nos brindó el químico
sueco Svante Arrhenius. Arrhenius defendió la teoría de la panspermia
(semillas por doquier). Sugería el sueco que esporas de bacterias hállanse
desperdigadas por toda la galaxia, propulsadas por la minúscula pero
acumulativa presión de la luz estelar. La emergente Tierra, una vez su
corteza se enfrío lo suficiente, inmersa en una lluvia de
microorganismos dormidos pero todavía válidos, podría haber sido un
destino propicio para estos superbichos.
Parece probado que tales microorganismos son capaces
de sobrevivir durante semejantes viajes espaciales. Eso al menos
demuestran los estudios recientes de Peter Weber y Mayo Greenberg de la
Universidad de Leiden, Holanda, quienes en el interior de una cámara de
vacío sometieron a diversas esporas a las duras condiciones climáticas
que estas sustancias pudieran sufrir en el espacio, en especial su
exposición a los peligrosos rayos ultravioletas. El equivalente de 2500
años de sometimiento a estas duras condiciones, demostraron que una
pequeña fracción (menos de un 0,5 %) de las esporas sobrevivirían.
Suficiente para hacer posible la ruta de la vida estelar imaginada por
Arrhenius. Pues bien, partiendo de esta peculiar teoría del químico
sueco, que quedó relegada durante la mayor parte del siglo XX, ha
brotado la propuesta más novedosa hasta la fecha sobre el origen de la
vida: la vida terrestre se originó en Marte. Según esta hipótesis la
vida comenzó en Marte y de allí se propagó a la Tierra.
Los científicos aseguran que Marte constituye un
lugar mejor que la Tierra para que hubiera arraigado la vida: 1) porque
su menor tamaño le hace ser un blanco más difícil para los cometas y
asteroides. Además, su menor gravedad minimizaría los efectos
destructivos de los inevitables impactos, permitiendo así acumularse
material orgánico. 2) Aparte de ser un mejor lugar para que se
originase la vida, Marte constituye también un mejor lugar para que
esta hubiera evolucionado. En Marte el oxígeno se formó mucho antes
que en la Tierra, unos diez millones de años antes. Los organismos o
superbichos que se originaron en Marte, siguiendo esta reciente teoría,
hubieran sido expelidos al espacio por colisiones de cometas y algunas
de estas esporas (para retomar la idea de la panspermia) habrían
aterrizado en la Tierra, donde prendieron. Ésta es la última hipótesis
que la ciencia nos brinda como respuesta al interrogante de nuestro
origen. De corroborarse -y las recientes noticias de que en un pasado
geológico no muy lejano hubo agua en Marte avalarían ésta atrevida
conjetura?, resultaría que todos somos "marcianos", algo
insospechado y que, particularmente, me llena de regocijo.
¿Conseguiremos algún día descubrir la verdad sobre
nuestros orígenes? Sí, de ser cierto lo que afirma Jacques Monod:
"Todo ser vivo es también un fósil. Lleva en sí, y hasta en la
estructura microscópica de sus proteínas, las huellas, cuando no los
estigmas, de su ascendencia".
Pero lo que más me gustaría, lo confieso, sería
que se confirmara nuestra procedencia "marciana". ¡Qué gran
filón para los humoristas!
Zaragoza/15.02.02
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| Sobre
el autor |
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Lamberto
García nació en Portugalete (Vizcaya) en 1951. Es
licenciado en Ciencias Económicas por la Universidad de
Bilbao y ha escrito numerosos artículos relacionados con la
literatura y la divulgación científica. Tiene terminadas
varias novelas, un libro de matemáticas y multitud de
ensayos pendientes de publicación. |
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